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Dos días en Marruecos con un presupuesto ajustado

Cada cientos de años pasa un cometa o se alinean una serie de planetas. Algo similar ocurre cuando el grupo de amigos que siempre sueña con salir de viaje juntos, logra por fin acordar una fecha y un destino.

Así, en la terracita de siempre, emocionados por los relatos del más aventurero del grupo, éste nos propuso hacer una escapada de sábado y domingo a Marruecos. Todos coincidimos en las ganas y el poco dinero disponible a esas alturas del mes, pero el amigo viajero nos tranquilizó diciendo que era una cultura de negociantes y que con ese criterio nos lo pasaríamos bien con poco. Nos convenció y partimos la semana siguiente desde Tarifa en el ferry de las 09:00 hs. que con el cambio horario llegó a las 09:00 hs de Tanger, nada más llegar ya habíamos ganado, al menos tiempo. Porque el transporte marítimo fue el mayor desembolso de 66 euros ida y vuelta. 

Sin necesidad de pagar transporte, desde el puerto andando unos 15 minutos, encontramos un hostal muy cómodo y bien situado, allí nos alojamos en una habitación para cuatro personas que acabamos pagando 100 MAD (unos 11 euros al cambio) cada uno, con baño privado y desayuno incluido.

Pensando en las claves del ahorro, una fundamental fue llevar con nosotros la moneda local: el Dirham de Marruecos; porque los cambios en continente africano no suelen ser muy ventajosos en relación al euro. Te recomendamos cambiar tus euros por dirhams en nuestra web o por teléfono para tener un buen tipo de cambio. Otro punto importante, ha sido el número de participantes, en este caso cuatro, de modo que todo regateo de taxis o alojamiento fue conjunto, haciéndolo más atractivo.

El idioma no fue un problema, en el norte de Marruecos donde nos hemos movido todos comprenden perfectamente el español, pudiendo dialogar y negociar sin inconvenientes.

El primer día (sábado), aprovechamos para recorrer la ciudad de Tánger y visitar sus tiendas en el mercado, ya que en domingo muy pocas están abiertas. La actividad de sus calles y del zoco permiten comprender parte de la cultura y los tiempos del Norte de África: la gente se vuelca a la calle donde la vida social y comercial es intensa pero a la vez pausada, sobre todo en los puntos de mayor concentración como las estrechas calles comerciales donde podemos encontrar infinidad de artículos. Allí, nos hemos divertido comprando recuerdos a nuestras familias, compitiendo quien volvía a casa con más objetos, gastando 100 MAD como máximo cada uno. El desafío demostró que puedes contentar tanto a novias, madres y amigos por muy poco.

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Ciudad de Tánger. Fuente: es.wikipedia.org

El segundo día (domingo), nos trasladarnos a la ciudad de Chaouen, contratando el día anterior un taxi de los clásicos Mercedes de los años 70. Orgullosos de nuestra nueva afición comercial, regateamos por 800 MAD con espera incluida. En relación, cuesta similar la suma de los billetes de autobús, pero compensa en los tiempos de traslado y los lugares a los cuales puedes acceder. Además si negocias bien, la posibilidad de que te esperen supone un ahorro de tiempo. Si bien la gente muchas veces duda sobre la seguridad de los taxis en Marruecos, no tuvimos problema alguno. 

La ciudad de Chouen, y sus casas azules, la hemos visto a través de fotos de amigos o documentales televisivos, pero lo cierto es que caminar por sus calles, tomarse un té verde con menta (9 Dirham aprox.) bajo la sombra de una parra, visitar tiendas de alfombras (aunque no compremos), beber en sus fuentes, ver a los niños jugar en el río mientras las mujeres lavan sus ropas... Es un recorrido atemporal y emocionante, ya que el camino por la carretera nos permite, fugazmente, apreciar la vida en el campo y los pequeños pueblos de montaña en la región del Rif.

Con respecto a la comida, no fue necesario tirar de bocadillos para abaratar,  ya que comer o cenar no es para nada caro en restaurantes sencillos donde un menú completo, varía entre los 80 y 100 MAD. La comida es muy buena y en sus opciones es normal encontrar tajin de pollo con limón, cuscús y otras variedades representativas de su cocina.

En el último ferry regresamos a casa, compartiendo en el barco los pormenores y las aventuras que seguimos recordando muchos días después, como suele ocurrir cuando nos quedamos con la emoción de lo nuevo. Coincidimos todos que a solo una hora y algo más de viaje, se puede vivir una cultura que no nos dejará indiferentes por sus intensos matices y contrastes con lo que estamos acostumbrados.

Cambiar de continente, conocer ciudades, disfrutar de su cocina y traer recuerdos a casa por poco más de 100 euros, es un verdadero chollo. Y sin dudas el mejor negocio, fue encontrar un momento compartido con los amigos de siempre.

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