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Viaja a Oslo antes de que haga demasiado frío

Es innegable que cada estación del año acompaña con sus peculiaridades a las ciudades y éstas se adaptan en función de su posición geográfica. Por esta razón, tengo la “teoría” de que las ciudades europeas en verano, tienden a ser similares.

No es novedad, que la época estival constituye un momento del año que se presenta artificial: actividad desestructurada de las rutinas, vacaciones, gente que está fuera de su ciudad o que se encuentra en ella pero no pertenece al lugar, etc. Sin ser algo negativo, intento señalar que si lo que se intenta es apreciar además de la naturaleza y edificios, como vive la gente que los habita en su día a día, no es el momento óptimo.

Todo este rodeo para llegar a la idea de que hace años quiero viajar a Oslo, pero siendo fiel a mi teoría, me apetecía hacerlo más cerca del invierno, cuando la ciudad está en pleno funcionamiento y aún es posible aprovechar de los lugares abiertos. Así, convenciendo a gente para experimentar mis planteamientos, partí junto a una pareja de amigos (también arquitectos) a finales de otoño, buscando apreciar la manera en que el entorno se iba preparando para los períodos más fríos.

En esta época del año y siendo flexibles con las fechas, encontramos una combinación de vuelo low cost desde Valencia hasta el aeropuerto de Oslo Rygge a 45 euros ida y vuelta. No obstante, tener en cuenta el gasto para llegar a la capital noruega que se encuentra a una hora de viaje en autobús; comprando ida y vuelta tiene un valor de 300 Coronas noruegas (aprox. € 37).

Ya en Oslo, lo primero que me sorprendió fue que no hacía tanto frío, esta incógnita dentro de mis teorías la resolvió uno de los compañeros de viaje que llevaba estudiado a fondo el clima (por eso es bueno viajar junto a otros curiosos). Al parecer, la posición particular de la ciudad con respecto a corrientes del Golfo de México le permiten temperaturas menos extremas que en otros sitios de Noruega.

Animados por el buen clima, nos lanzamos a recorrer la urbe más grande del país, que si bien pequeña en cantidad de habitantes (500 mil) es muy extensa en dimensiones. Es notable el diseño de los espacios verdes, parques, lagos y la construcción de edificios bajos que permiten zonas diáfanas. Esto se percibe desde los pocos edificios de gran altura, desde donde se aprecia el criterio urbanístico con una fuerte apuesta por los parques, aprovechando la flora autóctona.

Siempre se escucha sobre el alto estándar de vida del país, pero lo curioso y que siempre me atrajo de esta cultura, es su criterio de austeridad. Y eso se percibe en sus calles y construcciones donde no vemos la necesidad de exhibir en el ámbito público o privado artículos suntuosos como estamos habituados en otros sitios. Observando, aparecen elementos cotidianos como buzones, papeleras, bancos de plaza y farolas que si bien están en perfecto estado, muestran el paso del tiempo pero siguen útiles sin prisa por el recambio innecesario.

Esto no quiere decir que no asistamos a increíbles diseños y materiales de vanguardia en cada vuelta de esquina, que a la vez convive con sus estructuras tradicionales. Para comprender esta relación, es muy interesante el Museo Folclórico Noruego, donde a cielo abierto encontramos más de ciento cincuenta casa típicas de distintas regiones del país como clara muestra de la importancia dada a las construcciones realizadas con materiales resistentes.

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Complementan la temática el Doga, centro de diseño y arquitectura y El Museo Nacional de Arquitectura: espacios a los cuales entramos de manera gratuita al igual que a otros museos de la ciudad, gracias a la Oslo Pass. Adquirimos la opción más extensa válida por 72 horas a un precio de 535 kr, unos 61 euros aproximadamente, en una oficina de información turística. Con el pase además de descuentos en restaurantes y bares, es gratis el transporte público local y alrededores, aparcamientos, museos, actividades, piscinas y más. Como también un paseo en un velero antiguo por los fiordos de Oslo, que si bien breve, es una manera increíble de ver la ciudad, sus costas y puerto desde el mar.

Unos días intensos en Oslo, dejan la percepción de una ciudad “sin contrastes” donde todo parece armonizar en función del espacio, las necesidades de sus habitantes y el clima. Como viajera curiosa, me he divertido corroborado algunas de mis extrañas teorías y otras sin remedio descartarlas, intentando pensar nuevas teorías como excusa para viajar aprendiendo y enriqueciendo mi perspectiva personal y profesional.

Cuando estés planeando tu escapada a Oslo, recuerda que la moneda que necesitarás allí es la corona noruega. Puedes adquirirla al mejor tipo de cambio por internet a través de nuestra página web o por teléfono. 

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